Campo electromagnético

Una por una van apareciendo las moléculas que traen el olor de su piel. No saben quedarse quietas, se pasean azarosamente por el espacio hasta envolverlo. El movimiento insiste en tomar forma dejándose tambalear con cada golpe del palpitar, una danza arriesgada entre la delicadeza y la agitación. Las moléculas se balancean de un lado a otro creando un campo de tensión que les impide juntarse y ante la imposibilidad de su encuentro inventan pasos para llegar lo más cerca que se pueda y -satisfechas- se dejan arrastrar por la fuerza de repulsión. Una coreografía improvisada en el vals de un deseo que invoca su presencia haciendo tararear a la tensión. Una compañía que abraza de forma envolvente pero que no puede tocarse. Si cierro mis ojos no puedo notar la diferencia. Cada -único- detalle de mi imaginación se arriesga al vacío dejándose de atrapar por una molécula y separándose de mí. Un instante fuera del tiempo, en el que mi propia imaginación me toca y siento que él está junto a mí, aunque sé -con claridad- que no es así. Una y otra vez voy a este lugar que parece un campo electromagnético, donde lo imaginado se desliza sobre una tensión capaz de sostener a las moléculas y en ese movimiento, crea un cuerpo a mi alrededor, una presencia que es moldeada por el deseo de que así sea, aunque se sabe que ocurre a condición de no ser. 



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Usted no se imagina

Perseguir las líneas