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Mostrando las entradas de marzo, 2025

Usted no se imagina

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  Es mi primer año en el nuevo colegio, en el que lo único nuevo son los estudiantes, todo lo demás parece sacado de una revista amarillista de los años noventa. No hay material didáctico, ni espacio para que los niños aprendan a realizar otros juegos, el ambiente es tenso y agresivo. Ví en la cantidad de basura plástica que se produce a diario una oportunidad y le propuse a los niños y niñas construir pelotitas con las bolsas plásticas. Llegué un día con la primera pelota -hecha por mí- y de ahí en adelante estuvieron interesados en recolectar plástico limpio y postular a sus mamás o abuelas para hacer la ropa de las pelotas, como suelen decir. Ese día les anuncié que ya teníamos otra pelota lista para cubrir con tela (las hacíamos de un tamaño específico y eso tomaba varios días) y les pregunté quién podría ayudarnos a terminarla. Duvan levantó su mano al instante, estaba emocionado, insistente y al ver su rostro descubro una extraña expresión de felicidad, una felicidad diferent...

Protocolo incertidumbre

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  El ingreso matutino al colegio se ha convertido en todo un ritual. Antes de entrar, primero cada niño debe registrar su nombre en una lista de asistencia, luego pasa donde otra maestra que le toma la temperatura, seguido de otra maestra que apunta el resultado y hace preguntas específicas alrededor de los síntomas de COVID. Después de esto siguen una secuencia de lavado de manos, en donde una docente pone el jabón, otra les suministra el agua y otra entrega las toallas de papel. Este protocolo cotidiano requiere de 6 maestras que en nuestro caso es la totalidad. Finalizado el recorrido cada niño va a su respectivo salón, donde están dispuestos sobre los pupitres fichas, rompecabezas, plastilina o cualquier otro recurso didáctico que capture su atención y les permita sostener la espera de los 15 o en ocasiones 25 minutos que dura el ingreso y aún así, no es seguro que el virus no entre.

De señora a profesora

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El 10 de noviembre de 2021 Diego Lozano pasó de decirme señora a decirme profesora. Aunque para él fué algo -más bien- casual e inadvertido celebre esta mención. A sus cuatro años de edad se le dificulta confiar en las personas y cada vez que alguien se le acerca, su cuerpo responde con cierta agresión, como queriendo tomar distancia de los otros y así mismo los otros de él. Éramos todos iguales, las maestras éramos señoras y los estudiantes eran niños. No me molestaba que me dijera señora, pero ahora que me dijo profesora sé que no soy cualquier profesora, soy la suya.

Perseguir las líneas

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  En Nazca una mujer pasó toda su vida persiguiendo las líneas, un trazo en la tierra hecho muchos años atrás y que alcanza el presente cada vez que es visto desde las alturas, líneas que aunque están escritas en la tierra no pueden entenderse desde allí, como si el suelo no supiera distinguir entre las piedras escogidas y organizadas una por una y las que se pasean azarosas con ayuda del aire, líneas misteriosas que no saben a donde pertenecen, si al terreno que las aloja o al cielo que las entiende. Un provocador misterio que hizo de esas líneas un sendero en la vida de una mujer.